Escolares que Muerden

14 julio 2007

Un articulo interesante que lei en las Ultimas Noticias.

“Son muchas las lecciones inútiles que imparten las escuelas de periodismo, aunque haya una que además de inútil es un tedioso clásico: no es noticia que un perro muerda a un hombre pero sí que un hombre muerda a un perro. Que la probabilidad estadística de que ocurra algo así sea cercana a cero no impide que la lesera circule como dogma indiscutible. No sería mala idea actualizar aquella infeliz analogía: hablar, por ejemplo, de niños que les pegan a sus padres o, mejor aun, de alumnos que castigan a sus profesores.

 

Si nos atenemos a una conferencia de prensa ofrecida en esta semana por el Colegio Metropolitano de Profesores, esto último sucede a cada rato. Una docente de historia muestra el pelón en la cabeza que le dejó el mechoneo de una niña de doce años. Un profesor de ciencias naturales colecciona moretones en las piernas, curiosos souvenirs de su curso de quinto básico. Una alumna de séptimo y su madre se abalanzaron sobre la inspectora de un centro educacional que les comunicó su preocupación por las malas notas de la niña. Una maestra llega incluso a decir que ella y sus colegas han debido a veces resguardarse en el interior del gimnasio ante las balas -sí, balas- que corren por el patio en hora de recreo.

 

Durante décadas se sostuvo en Chile que “la letra con sangre entra”. La frase era un permiso no oficial para que ciertas lecciones -las más aburridas, las más complicadas, las que un mal profesor no sabía formular- contaran con un impulso extra que las hiciera inolvidables: un reglazo en las palmas, un correazo en los muslos, un inocente coscacho en el cráneo. Los educadores agredían a sus educandos como un modo de ajustar otro tornillo del gran mecanismo escolar: un modo tan complejo, tan subdesarrollado y tan inmanejable como el de hoy.

 

“¿Un uno o un Bernardo O’Higgins?”, ofrecía -comprensivo- el profesor dispuesto a transar un rojo por un zamarreo de patillas con el que hacía desplazarse a un púber por media sala. Las trenzas de las niñas despistadas eran irresistibles para los profesores con ideales ejemplificadores, y los afeminados -ay, los afeminados- podían recibir golpes hasta de sacerdotes convencidos de que también Dios apoyaba el invento de que “a los maricones se los cura a patadas”.

 

Si la agresividad de los alumnos es una tendencia efectivamente en alza, por cierto que resulta urgente intentar comprender las razones de ese fenómeno, antes de que el oficio de profesor se convierta en un asunto de alto riesgo.

 

Pero de poco sirve el tono de denuncia delincuencial con que ha comenzado a debatirse el tema. Muchos patios de colegios chilenos, muchas salas sin gracia y otras tantas duchas colectivas luego de las clases de educación física han sido espacios tradicionalmente agresivos y hasta violentos. La saben los hombres con la evidencia de lo físico, pero también las mujeres a través de incontables recuerdos de tensión psicológica. La docencia impuso con demasiada comodidad y por demasiado tiempo un molde inútilmente violento. Quizás lo que hoy suceda es que los papeles comienzan a invertirse. Los hombres muerden a los perros.

 

Unos y otros aún se niegan a amaestrarse.”

Fuente: Las Ultimas Noticias

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