Premio Gabriela Mistral

10 noviembre 2007

Los Ganadores del Premio Gabriela Mistral

 

Establecimientos de Osorno, Valparaíso y Talca obtuvieron el reconocimiento, que premia la cultura de la calidad de la gestión escolar. Aquí están las claves que los llevaron al triunfo.

Empecé a trabajar en una escuela de la aldea llamada Compañía Baja a los 14 años, como hija de gente pobre y con padre ausente y un poco desasido. Enseñaba yo a leer a alumnos que tenían desde cinco a diez años y a muchachones analfabetos que me sobrepasaban en edad. Recordando estas palabras de Gabriela Mistral, que muestran la tarea nada de fácil que afrontó como educadora, se dio comienzo a la entrega del premio que lleva su nombre, el pasado miércoles 31 de octubre.

La emotiva ceremonia de entrega del Premio Calidad Educacional Gabriela Mistral tuvo lugar en el patio central del Museo de la Educación Gabriela Mistral, en la antigua Escuela Normal Nº1 donde la poetisa recibió su título de profesora normalista en 1910,

En la ocasión el gerente del Área de Educación de la Fundación Chile, José Weinstein, expresó que este premio no sólo logra distinguir efectivamente a los establecimientos educacionales que obtuvieron los mejores resultados en el preceso, sino que “también pretende ser un punto de focalización, canalización y de atracción hacia la cultura de la calidad”.

ESTABLECIMIENTOS QUE DESTACAN

La política de “escuela puertas abiertas” ha sido una de las claves de los buenos resultados de la escuela Emprender, de Osorno, que le valieron el Premio Gabriela Mistral a la Cultura de la Calidad de la Gestión Escolar, en la categoría de establecimientos certificados de enseñanza básica.  El galardón, impulsado por el Área de Educación de la Fundación Chile, destaca a aquellos colegios, escuelas y liceos que han hecho un sistemático esfuerzo para lograr mejores resultados, orientándose hacia la mejora continua de su gestión.

La directora del establecimiento, Nelly Vilches, destaca que cuando comenzaron a operar, se dieron cuenta de que casi el 50% de los apoderados no había completado la educación básica, hecho del que surge la necesidad de avanzar con toda la familia, en un proyecto que hoy se extiende a toda la comunidad. “Hemos visto el efecto que ejerce en los alumnos la mayor educación de los padres”, dice. Y si proveer de mayores herramientas a los apoderados a través de una política tendiente a la regularización de estudios, le ha traído una valiosa ayuda, se trata solamente de una arista dentro de la gestión del establecimiento, que elabora su propuesta en pleno período de reforma, con proyectos educativos muy participativos, y resultados compartidos por todos los actores.

En la categoría de establecimientos certificados de enseñanza media, el premio recayó en el Instituto Técnico Profesional Marítimo de Valparaíso. “Para eso hemos trabajado” dice su rectora Natacha Méndez. En su opinión la base de los buenos resultados ha sido la sistematización de los procesos claves del instituto. “A los colegios les va mal cuando no han sistematizado, no planifican, no tienen sistemas de seguimiento, y por ende no pueden usar la información que tienen”, dice.  Cada año el establecimiento porteño establece planes de mejora, cuyo cumplimiento se va monitoreando, lo que a juicio de esta directora es como tener una ruta clara del camino a seguir para lograr los objetivos. Convencida de que la educación pública puede alcanzar la excelencia, recalca que “sólo cuando se cree en uno mismo, se puede creer en los alumnos”.

En la categoría de Innovación, el ganador fue el Liceo Abate Molina, de Talca. Con una población escolar muy diversa, proveniente de todos los sectores, el establecimiento definió un proyecto educativo en 1993, cuando se tomó la decisión de eliminar los planes electivos para establecer una línea curricular propia. “hemos realizado una innovación curricular sin precedentes” dice orgulloso Víctor Insulza, director del liceo, agregando que el establecimiento ha pasado de tener una cultura escolar autoritaria a una participativa, con distintas instancias para profesores, apoderados y alumnos. A esto se añade la permanente preocupación por perfeccionar al cuerpo docente con nuevas metodologías y formas de evaluación, que han fortalecido su compromiso con el equipo directivo.

Las expectativas de los profesores sobre las capacidades de los alumnos es otra fortaleza que menciona el director. A esto se suma el esfuerzo conciente por lograr una formación integral que no descuide el aspecto valórico. En la primera hora de clase los alumnos participan en una reflexión sobre temas de la contingencia. Los estudiantes tienen más horas de educación física que el promedio, y existe espacio para actividades extraescolares de recreación que abarcan las artes, así como todos los deportes tradicionales, e incluso algunos que no lo son tanto, como el andinismo. Se dispone de academias de ciencias, matemática, física química y medio ambiente.

“No sólo nos conformamos con creer que lo hacemos medianamente bien, sino que nos sometimos a la crítica externa de instituciones como la Fundación Chile, que evalúa con indicadores internacionales, lo hicimos sin temor, pues más que una amenaza es una fortaleza”, termina.

(Fuente Educarchile)

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